ANÁLISIS – Oniisama e…

S E R I E   D E   T. V.

A N Á L I S I S

Riyoko Ikeda escribió “Oniisama e…” (que podríamos traducir como “Querido hermano mayor…”) en el año 1975, serializándose en la prestigiosa revista Margaret, una de las principales publicaciones especializadas en Shoujo de Japón. La obra sería posteriormente recopilada en tres volúmenes (los clásicos tankoubons) en 1978. Tuvo que pasar más de una década para que finalmente la obra tuviera la versión animada que merecía, y así en 1991 veía la luz una serie de T.V. de 39 episodios dirigida por Osamu Dezaki para la Tezuka Production, que adaptaba el manga original en general de forma bastante fiel, aunque contó con algunas diferencias notables para la versión televisiva, tendentes a rebajar en cierto modo el intenso dramatismo y el espíritu trágico que impregnaba toda la obra original (esto se ve especialmente en el diferente final de algunos personajes en la versión de manga y en la de anime), así como en la sustitución de ciertos elementos “inadecuados” para la audiencia televisiva por otros (cambiando por ejemplo la adicción de uno de sus personajes a las drogas por la adicción simplemente a los tranquilizantes). En su adaptación española, decir como anécdota que la serie recibió el desafortunado nombre de “Escuela de Cenicientas” y contó por cierto con un pésimo doblaje a nuestro idioma.

Sobre la autora poco se puede decir ya a estas alturas. Riyoko Ikeda es una de las más importantes autoras de la historia del Manga, y cuenta en su haber con obras míticas como La Rosa de Versalles o Claudine, todas ellas además muy importantes en el desarrollo del género Yuri, aunque Riyoko Ikeda escribió sobre multitud de temas y por tanto no se la puede considerar en absoluto como una autora “de género”. Su maestría queda de manifiesto en sus impresionantes obras, en las que nos cautiva tanto por sus apasionantes tramas principales como por las secundarias, perfectamente entrelazadas, así como en los más pequeños detalles (todos y cada uno de ellos con su importancia y su papel concreto en la obra, no habiendo absolutamente nada puesto a la ligera o como mero adorno). El estilo de Riyoko Ikeda es sobrio, majestuoso y siempre impregnado de una gran clase, como ha quedado de manifiesto en sus diferentes obras. Sus personajes tienen un encanto especial difícil de definir, incluso en los estándares del Shoujo, oscilando entre la ternura e inocencia de algunos y la dureza y aspereza de otros, y en mitad de ellos situando a sus célebres personajes femeninos andróginos, al más puro estilo de “la vieja escuela” del Shoujo en general y del Yuri en particular.

En sus historias gusta tratar temas profundos y trascendentales, como los valores humanos, los sentimientos más profundos de amores y odios en las personas y hasta los principios sociales básicos en toda sociedad moderna como la igualdad y la lucha contra la discriminación. La pasión de Riyoko Ikeda por la Historia, en especial por la época de las grandes revoluciones y los cambios sociales ocurridos en Europa durante los últimos tres siglos (que la transformaron profundamente a todos los niveles), ha quedado plasmada de forma notoria en su obra, como ocurrió en su mayor éxito: La Rosa de Versalles, ambientada en los años previos a la Revolución Francesa y llegando hasta el estallido final de ésta. Pero también curiosamente como veremos en la propia obra que hoy analizaremos, en la que también se da un trasfondo de importantes cambios sociales en el marco presentado. Entre La Rosa de Versalles y Oniisama e… aparentemente hay pocos vínculos en común: ni por su diferente ambientación, ni por su localización, ni por la época histórica en la que están situadas ni por las temáticas tratadas (mucho más “espinosas” desde luego en Oniisama e…), pero sí que guardan un notable vínculo por su diseño general de personajes (recorando mucho Rei a Óscar, Kaoru a André, Fukiko a María Antonieta y hasta Nanako a Rosalie). Pero si hay algo indiscutible que ambas tienen en común es que se trata de dos obras absolutamente maravillosas.

La historia está contada desde el punto de vista de Nanako Misonoo, una joven estudiante en su primer año en la Academia Seiran, una exclusiva institución educativa para señoritas. El título de la obra viene por el encabezado de las cartas que Nanako va escribiendo a su “Oniisama” (literalmente: hermano mayor), que es una forma habitual en Japón de referirse una chica joven a un chico mayor que ella cuando ésta siente un especial aprecio por él, sin que sea necesario siquiera que haya ningún vínculo familiar entre ambos. En estas cartas (muchas de las cuales ni siquiera llega a enviar, sino que las escribe a modo de diario) Nanako va relatando sus vivencias cotidianas y los sucesos más importantes que le ocurren a ella y a los que la rodean en su día a día, en especial en su nueva vida escolar en la Academia Seiran. Para Nanako se trata de un apasionante nuevo mundo por descubrir, pero enseguida se dará cuenta que la realidad no es tan idílica como podía haber imaginado en un principio, asistiendo en primera persona a los odios y las rencillas entre alumnas, en dura pugna al parecer por tratar a menudo de ostentar siempre un status superior que las demás.

El origen de estas disputas y del afán competitivo entre las alumnas (que llega hasta extremos enfermizos) parece ser el Club de la Hermandad de la escuela, al que solo asisten unas contadas estudiantes seleccionadas por su distinción sobre las demás, debiendo destacar a todos los niveles: educación, posición social, belleza y resultados académicos. Para su sorpresa, Nanako será elegida como nuevo miembro de la Hermandad, sin que al parecer no destaque especialmente en ninguno de estos aspectos que se consideran requisitos indispensables para poder acceder a ella, lo que no hará sino despertar la envidia y la animadversión de la mayoría de sus propias compañeras.

Por fortuna, Nanako contará con la inestimable ayuda de dos alumnas mayores que ella: Kaoru Orihara (apodada Lady Kaoru o Príncipe Kaoru) y Rei Asaka (apodada Saint-Just en honor al revolucionario francés Louis de Saint-Just, dado el carácter rebelde y transgresor de Rei), dos chicas de aspecto andrógino auténticamente idolatradas en la escuela como si de “príncipes” se tratara, que serán un fundamental punto de apoyo para Nanako a la hora de superar toda clase de situaciones difíciles a las que se deberá enfrentar, que como veremos en la serie serán muchas y algunas muy graves.

A medida que avance la serie veremos cómo Nanako irá madurando a pasos agigantados por todo cuanto le sucede en apenas unos meses: se enfrentará a importantes problemas personales, tanto familiares (por el pasado de su padre adoptivo, del que conocerá que tenía un hijo de una relación anterior), así como deberá afrontar también importantes problemas relativos a sus amistades más cercanas (Tomoko y Mariko), además de afrontar algo tan decisivo en la época de la adolescencia como es siempre el descubrimiento del primer amor (y más cuando se trata de una persona del mismo sexo), y por si fuera poco involucrándose activamente en los propios problemas que sufren las personas más cercanas a ella, resultando por último también clave su participación en los acontecimientos que decidirán el propio destino de la Hermandad a la que ha ingresado.

Es muy interesante en la obra ver el paso de Nanako de ser ella al principio la ayudada en todo momento por Kaoru y Rei por los múltiples problemas en los que acaba siempre involucrada sin quererlo, a ser Nanako quien se acabe desviviendo por ellas dos, suponiendo un importantísimo punto de apoyo para ambas en sus momentos más difíciles. Hay que advertir ante todo que el argumento de la obra es duro y trata sin tapujos temas como la crueldad, las desigualdades entre personas (con las luchas encarnizadas dentro de la escuela por lograr y mantener una posición social de privilegio sobre las demás estudiantes), la violencia, las obsesiones enfermizas, el suicidio, la adicción a sustancias nocivas y hasta las relaciones incestuosas. Y por supuesto, todo ello aderezado además con la importante presencia del Yuri en esta sensacional obra.

En cuanto a localizaciones concretas, en Oniisama e… destaca ante todo la escuela a la que asisten los personajes principales de la obra: la Academia Seiran, una institución educativa femenina de gran prestigio y orgullosa de unas tradiciones tan arraigadas como el Club de la Hermandad de la escuela (Sorority en la versión original), que preside Fukiko Ichinomiya (también conocida como Miya-sama). Todas las alumnas, en especial las recién llegadas, ansían poder llegar a ser elegidas para formar parte de dicha Hermandad tan selecta, pero toda una serie de graves acontecimientos que sucederán a lo largo de obra harán tambalearse los cimientos de dicha institución y sus arcaicos ideales elitistas. Descubriremos que la propia existencia de la Hermandad y su sistema excluyente conformará un interesantísimo micro-cosmos de corte aristocrático dentro de la propia Academia Seiran, que por supuesto las orgullosas miembros que la componen querrán preservar a toda costa.

También serán importantes en la obra las residencias de los personajes principales de la obra, tanto la de Nanako como la de su compañera Mariko, entre cuyas paredes tendrán lugar importantes episodios en la vida familiar de cada una de ellas, así como la mansión de Fukiko y su villa de verano, por no hablar del ya mítico apartamento donde malvivía Saint-Just, un tétrico y fascinante lugar repleto de espejos cuya puerta nunca estaba cerrada con llave (más adelante ya entenderíamos el por qué).

Un elemento curioso de Oniisama e… es que la serie de T.V. está situada en la misma época en la que se lanzó la obra (principios de los 90), por lo que veremos ordenadores personales como los de aquella época, reproductores de Compact-Disc, etc., algo que lógicamente no veíamos en el manga original de 1975. Al haber tanta diferencia de años entre el manga y el anime estas pequeñas incorporaciones suelen ser necesarias para actualizar un poco la obra y hacerla más familiar al espectador que la disfrutará en aquél momento, aunque el diseño de vestuario no sufrió apenas alteraciones y es por ello que cuando veamos la serie este aspecto nos puede parecer en cierto modo algo anticuado, incluso para la época de principios de los 90 (pero recordemos que el manga data nada menos que de 1975, con lo cual es más comprensible este detalle).

Nanako Misonoo

La protagonista de nuestra historia es una joven de 16 años en su primer año de Preparatoria en la Academia Seiran. Nanako tiene un corazón de oro, rebosante de bondad, generosidad y ternura (incluso por aquellos que no la merecen), y se preocupa constantemente por los demás, al tiempo que afronta como toda joven de su edad las preocupaciones características de esta trascendental época de su vida en el plano de la família, las amistades y sus primeras relaciones sentimentales. A lo largo de la serie veremos a Nanako madurar enormemente.

Tomoko Arikura

Tomoko corresponde al prototipo de la clásica “mejor amiga” de este tipo de historias ambientadas en selectas Academias femeninas como ya hemos visto en otras obras, y supone el necesario punto de apoyo, sensatez y sentido común de toda protagonista algo ingenua que se precie. Tomoko vivirá algunos momentos difíciles con su amiga Nanako debido a ciertos malentendidos (provocados maliciosamente por Mariko, pretendiendo acaparar a Nanako para ella sola), pero en seguida conseguirán superarlos y seguirá siendo íntimas amigas.

Mariko Shinobu

Una bella y obsesiva joven con una apariencia delicada y refinada, casi vampírica. Poseedora de un temperamento muy fuerte, es capaz de ser extremadamente dulce hacia aquellos que ama (siendo de lo más enamoradiza) pero también despiadada y hasta violenta con aquellos que la hieren de algún modo. Tiene también una gran aprensión hacia los hombres a causa de su padre. Gracias a su amistad con Nanako y Tomoko será capaz de serenar progresivamente su difícil carácter y madurará lo suficiente como para mejorar su relación con los demás.

Kaoru Orihara

También llamada “Lady Kaoru” o “Príncipe Kaoru” por su imponente apariencia ante las alumnas más jóvenes de la escuela. Debido a su frágil estado de salud, Kaoru vive atormentada por renunciar a la persona que ama, a raíz precisamente de su grave enfermedad. A pesar de ello, Kaoru es la estrella del equipo de baloncesto de Seiran y ama la vida como nadie, y por eso mismo trata siempre de velar por Rei para que ésta no se auto-destruya por las sombras que la consumen, siendo muy a menudo su “ángel de la guarda” y su amiga más cercana.

Rei Asaka (Saint-Just / Hana no Saint-Just)

La idolatrada Saint-Just de la Academia Seiran, una chica extraña y bohemia caracterizada por sus grandes contrastes: puede ser una resplandeciente ídolo de la escuela, brillando en todo cuanto se propone (en el deporte, en las artes, etc.), y por otro lado puede dar una imagen del todo lastimosa: deambulando entre las sombras del colegio sin rumbo, sin ganas aparentemente de seguir viviendo, lo que la ha llevado a la adicción de diferentes sustancias nocivas para su salud, como el tabaco o las pastillas tranquilizantes.

Fukiko Ichinomiya (Miya-sama)

Fukiko es la orgullosa presidenta de la Hermandad y líder natural de todas las estudiantes de la Academia Seiran. Es una joven de 18 años siempre acostumbrada a ser el centro de atención y adoración por parte de todos cuanto la rodean, llevando una vida como si de una princesa de cuento de hadas se tratara. No obstante, en el plano sentimental está atormentada por dos relaciones que no ha sido capaz de superar aún: su amor de infancia por Takehiko Henmi y su complicada relación de amor-odio con su propia hermana Rei.

Takashi Ichinomiya

El hermano mayor de Fukiko y mejor amigo de Takehiko Henmi. Takashi suele aparecer siempre en la serie en compañía de Takehiko, conociéndose ambos desde su época universitaria. Aunque al principio de la serie su presencia será meramente testimonial, a medida que se vayan desencadenando los acontecimientos lo veremos intervenir activamente mediando en la complicada relación entre Rei y Fukiko, así como entre ésta y Takehiko, teniendo además un papel destacado en la progresiva “socialización” de Mariko.

Takehiko Henmi

El famoso “Oniisama” que da título a la obra. Al igual que Nanako, un personaje repleto de bondad al que todos parecen adorar, pero que como ella tendrá también sus propios dramas personales: tanto con su padre, al que no ve desde hace 13 años, como con Kaoru, a la que ama con todo su corazón aunque ella lo rechaza por el delicado estado de salud en el que se encuentra, ya que teme ser una carga para él en vez de poder aportarle felicidad si ambos decidieran unir sus destinos finalmente como pareja.

Profesor Misonoo

El padre adoptivo de Nanako, que al casarse con la madre de ésta formó una nueva familia con ellas dejando completamente de lado la anterior, con un hijo fruto de aquella relación. Conforme avancen los episodios quedará de manifiesto que ese hijo no es otro que Takehiko Henmi, el querido “hermano mayor” de Nanako al que le pidió ingenuamente que lo fuera sin saber que en realidad ambos eran de hecho hermanastros. El Profesor Misonoo tendrá la dura tarea en la serie de reconciliarse con su hijo y apoyar también a Nanako en la serie.

Aya Misaki

Una odiosa y arrogante estudiante (eso sí, con una voz original preciosa) compañera de clase de Nanako y Mariko, que ansía entrar a formar parte de la Hermandad. Para ello empleará las más sucias tácticas imaginables, en especial contra Nanako y Mariko al saberse que ambas han sido elegidas antes que ella. Aya desde siempre había vivido una gran rivalidad con Mariko, por lo que pagará especialmente con ella sus iras, pero todo ese odio se le volverá en su contra, lo cual la llevará a reflexionar al final sobre su comportamiento y decidirá mejorarlo.

También tienen su importancia en la obra otros personajes como la madre de Nanako, los padres de Mariko (tanto su sufrida madre como su díscolo padre, un conocido autor de novelas pornográficas, lo cual le será echado en cara a menudo a Mariko por sus enemigas para provocarla), las compañeras de Aya Misaki (más bien esbirras que amigas), Junko Nakaya (una chica expulsada de la Hermandad por sus pobres resultados académicos, a pesar de haber estado enferma y no haber podido preparar bien los exámenes), Mineko (una sirvienta de Fukiko a la que acaba despidiendo por hablar más de la cuenta con Nanako) o las orgullosas miembros senior de la Hermandad (con unos sobrenombres tan ostentosos como Lady Borgia, Lady Mona Lisa, Lady Cattleya, Lady VampanellaLady Medusa).

Oniisama e… tiene quizá en su dibujo uno de los mayores inconvenientes para ser atractiva para un público actual, pues posee un estilo marcadamente clásico en los estándares del Shoujo (además refiriéndonos al Shoujo más tradicional, no al más moderno siquiera), con algunos personajes tan andróginos como Kaoru y Rei que aquél que las vea en un momento puntual de la misma bien puede pensar que se trata no ya siquiera de mujeres masculinizadas, sino directamente de hombres.

Además, el diseño general del resto de personajes no hace la menor concesión a los tan demandados factores Bishoujo y Moe (chicas exageradamente preciosas y encantadoras) tan típicamente requeridos hoy en día en la mayoría de series, sino que posee un estilo sobrio y serio, sin concesiones para el adorno innecesario, lo cual queda reflejado entre otros aspectos en que la mayor parte de los personajes de la obra no tienen un especial atractivo físico salvo los personajes de Mariko y en ocasiones Fukiko. Ambas excepciones están además perfectamente justificadas “por requerimiento del guión” (como debería ser siempre), tal y como lo veremos en el desarrollo de sus respectivas y magníficas historias personales.

Aún así, para el espectador sin prejuicios y de mente abierta, aquél que sea amante de toda clase de estilos de dibujo (tanto modernos como los más antiguos), esta obra será también sin duda todo un deleite para la vista del mismo modo que lo siguen siendo aún a día de hoy las obras del gran Leiji Matsumoto (Capitán Harlock) o de Masami Kurumada (Saint Seiya), ambos poseedores también de estilos clásicos muy particulares pero que han sabido pervivir en el tiempo pese a las grandes evoluciones en el sector.

Éste es sin duda el elemento más discreto que podemos encontrar en la serie de T.V. de Oniisama e…, pues incluso valorando su animación según los estándares del año en el que fue emitida (1991), tendría por lo general un acabado que no sobresaldría en absoluto entre las demás obras de su mismo tiempo, sino que se situaría en la media más “normalita” de aquella época. Veremos a lo largo de la serie además que se recurre con demasiada frecuencia a los dibujos estáticos con desplazamiento de cámara, y también muy a menudo a aquellos otros momentos en los que se congela la imagen en un determinado instante y ésta se transforma en una bella ilustración durante unos segundos, que nos retrotraen al estilo de Shoujo en estado puro del manga original.

Estos momentos a mi parecer son ciertamente preciosos, pero entiendo que se llega a abusar de ellos, lo cual acaba dejando a un lado su razón artística en un momento dado de mostrar así esas escenas (como un “momento eternamente congelado en la memoria” por su especial trascendencia), pues al prodigarse tanto estos “momentos especiales” ya dejan de serlo como es lógico, y lo que hacen en realidad no es sino evidenciar una cierta carencia en el apartado de la animación de la obra.

Como es preceptivo para que una obra consiga alcanzar el estadio de calidad tan anhelado de la “excelencia” (que muy pocas obras alcanzan, por más que se lo propongan o cuenten con inversiones multimillonarias), Oniisama e… cuenta con un guión y un argumento de fondo de una calidad extraordinaria, sin duda alguna a la altura que merece una obra de Riyoko Ikeda adaptada a la pantalla. La serie cuenta con unos diálogos tan bien desarrollados y exquisitamente trabajados para contar su estupenda y compleja historia a lo largo de los 39 episodios (tanto en sus tramas principales como en las secundarias) que nos parecerá que no le sobraba ni le faltaba absolutamente nada a la obra una vez la hayamos acabado de ver. Algo sin duda de lo más meritorio si pensamos enseguida en tantas y tantas obras que nos dejan con “sabor a poco” o por el contrario todas aquellas “rellenadas” sin piedad por sus productoras.

Sin duda para el recuerdo quedarán todas y cada una de las intervenciones de lo más impactantes de los atormentados personajes “senior” de la obra: Kaoru, Fukiko y Saint-Just, de una fuerza emocional auténticamente conmovedora y con una calidad de guión en ocasiones hasta casi poética. También a destacar por supuesto en cuanto a la narrativa de la obra toda la magnífica forma que tiene de encadenar las escenas entre sí (el pasar de Rei a Fukiko estando éstas en lugares separados a través de la muñeca como vínculo entre ellas es sencillamente magistral) y las numerosísimas metáforas y dobles sentidos en cada elemento mostrado en pantalla y en cada línea de diálogo pronunciada en la serie.

Un guión en definitiva absolutamente brillante como requería una historia de tal complejidad para ser debidamente narrada, en la que hasta el color de los pájaros que vemos a menudo en la obra tiene su importancia y todo (cuando son blancos o cuando son negros, o cuando éstos vuelan libres o en cambio quieren entrar a algún lugar pero una ventana se lo impide), por no hablar de los recurrentes rostros ensombrecidos que nos dicen tanto sobre las emociones del personaje en ese preciso momento, u objetos tan importantes en la obra como son los espejos, los diferentes tipos de flores (con sus consabidos significados) o hasta los pintalabios que aparecen (éstos más que en su faceta de mero embellecimiento en su vertiente más clara de elemento de seducción… incluso entre mujeres).

Son tantos elementos en definitiva a tener en cuenta que Oniisama e… sin duda merece mucho más que un simple visionado (y probablemente le acabéis también encontrando interpretaciones hasta a los insectos que aparecen en la obra, como las mariposas o las luciérnagas, que cuentan por supuesto con su propio sentido metafórico). Si le dáis una oportunidad a esta grandísima obra os aseguro que el sonido de las campanas de la Academia Seiran permanerá ya para siempre grabado en vuestra memoria.

Quizá en un principio puede parecer que la música de Oniisama e… no llame demasiado la atención, a no ser que escuchemos con detenimiento algunos de sus temas más destacados, situados en momentos clave muy importantes de la obra. Incluso muchos temas pueden pasar completamente desapercibidos por su mero carácter incidental, de simple acompañamiento de las imágenes sin mayores pretensiones, pero hay que fijarse detenidamente en ciertos temas (en especial los más delicados y melancólicos) para darse cuenta que la música de esta obra puede ser en ocasiones también tan fantástica como los apartados más destacados de esta sensacional obra.

La partitura está firmada por el gran Kentaro Haneda (recientemente fallecido en el 2007), habiendo sido el compositor de bandas sonoras míticas como las correspondientes a la serie original de Super Dimension Fortress Macross y su posterior película, así como para Space Cobra, para The Super Dimension Century Orguss o para la entrañable serie de Sherlock Hound. En Oniisama e… nos brinda una banda sonora de corte entre clásico y moderno, con piezas claramente enmarcadas en uno u otro estilo y, aunque la serie emplea en alguna ocasión piezas conocidas de música clásica, sin duda las creadas por Kentaro Haneda para la obra brillan también con gran clase, en especial las piezas para piano y violín.

Por último hacer cómo no mención a su fabulosa secuencia de apertura, con el grandísimo tema interpretado por Satomi Takada titulado “Kin no Utsuga, Gin no Utsuga“, acompañando a las bellas imágenes que nos muestran el “mundo idílico” de Fukiko tal y como quedó  “congelado” tras los conocidos sucesos previos a su doceavo cumpleaños, (que condicionarán su posterior comportamiento y por ende buena parte de lo que sucede en la obra), simbolizado especialmente en la muñeca victoriana que le regala a Rei para que la recuerde siempre al no poder estar juntas por los impedimentos familiares y sociales.

En Oniisama e… la importancia del Yuri es tan decisiva en el devenir de los acontecimientos de la historia que sin duda es un elemento clave para poder comprender cómo se desarrolla la trama y por qué se comportan como lo hacen algunos de los personajes más destacados de la obra (en especial Fukiko y Rei en su turbulenta relación), aunque no se pueda considerar en esencia al Yuri como el elemento “principal” de Oniisama e… ni mucho menos, pues sin duda la obra trata en general sobre la madurez del personaje de Nanako y la influencia que sobre ella tienen las personas próximas que la rodean a lo largo de la historia y a su vez lo que Nanako con el tiempo llega a influir en ellas, siendo el Yuri un destacado elemento en sus experiencias (incluso con su amiga Mariko y con la propia Fukiko, intentando ambas seducirla en alguna ocasión durante la serie) pero en definitiva de igual importancia que los demás elementos decisivos presentes en la historia.

Precisamente uno de los hechos que más influenciará a Nanako en su paso por la Academia Seiran será el hecho de conocer, luego tratar de comprender, luego admirar, luego cuidar y finalmente enamorarse de Rei Asaka, la fascinante Saint-Just. Como dirá la propia Nanako en un momento clave de la obra, el recuerdo de Saint-Just quedará para siempre grabado en lo más profundo de su corazón, aunque el tiempo pase y con los años acabe conociendo a otra persona que sea también capaz de despertar el amor en ella, aquél recuerdo no obstante de su adolescencia pervivirá para siempre guardado tras una puerta, en cuyo pomo tendrá grabadas las letras de “Saint-Just“.

Pero si por algo pasará a la historia del Yuri una obra tan excepcional como Oniisama e… es sin duda por la compleja relación de dos inmensos personajes como Rei Asaka y Fukiko Ichinomiya. Sus escenas de los recuerdos comunes que ambas guardan de la niñez son absolutamente memorables (en especial el suceso estremecedor en la nieve), y del todo imprescindibles para poder comprender todo cuanto acontece después. El saber qué es lo que una ama y odia de la otra y cómo luego de mayores, con sus caracteres ya formados, se comportan como lo hacen directamente a consecuencia de aquellos sucesos de la niñez, resulta tan fascinante que esta pareja merece sin duda el puesto que ocupa con todos los honores en la historia del Yuri.

Cuando uno afronta ver una obra que ya conoce de antemano que tiene un marcado carácter dramático lo puede hacer con o sin los prejuicios característicos ante este tipo de obras. Oniisama e… no es desde luego una obra pensada para hacer reir, ni mucho menos, sino para hacernos reflexionar, para acompañar a su protagonista en sus difíciles vivencias cotidianas y ser testigos de excepción de los extraordinarios sucesos que le ocurren a la protagonista en los ya de por sí difíciles días de la adolescencia. Asistir a tanto sufrimiento como nos muestra la obra, a tanto dolor, odio y rencor, mostrando lo peor del ser humano, pero también a tanto amor, tanta ternura y tantas esperanzas plasmadas en otros muchos momentos memorables de la obra hacen sin duda merecer la pena el tiempo destinado a esta maravillosa serie. Los 39 episodios pasarán “volando” ante nuestros emocionados ojos sin que apenas nos demos cuenta (con lo que “cuestan de digerir” a veces algunas series de tan solo 13…), y de lo que quizá nos acabemos sorprendiendo al final es, pese a todo el intenso drama que desfilará ante nuestros ojos, descubrirnos a nosotros mismos contemplando los episodios con una sonrisa dibujada en nuestros rostros como me ocurrió a mí.

Es sensacional ver cómo la autora recrea en el marco de una academia de nuestro tiempo toda una turbulenta historia de amores y odios de todo tipo, sin importarle romper toda clase de tabúes sociales incorporándolos a la trama como cualquier otro elemento más, como si de un drama clásico se tratara como en aquellos en los que no imperaba entonces lo “políticamente correcto” que pudiera condicionar de algún modo la forma de contar una buena historia. Y como buen drama clásico, asistiremos a las cruentas “batallas” entre las clases privilegiadas y aquellos que se alzan en una revolución para “derrocar” ese régimen opresor y discriminador. La obra además nos dejará un mensaje de claro contenido social (de los que tanto le gustan a la autora) que invitará a la reflexión del espectador: realmente el “villano”, el “malvado de la historia” no será tal o cual personaje en el que enseguida podamos pensar, sino el propio sistema en sí, aquél que crea la desigualdad que provoca después tantos y tantos sufrimientos en las personas que la padecen. Ese es el auténtico “mal” que hay que erradicar, ya fuera en la Revolución Francesa como aquí en la obra que nos ocupa.

– Toda la historia en su conjunto, fabulosa tanto en su planteamiento inicial, en su desarrollo y en su resolución final.

– Mención especial a las subtramas perfectamente entrelazadas y a los numerosísimos detalles presentes a lo largo de la obra, siendo en su conjunto un producto magníficamente acabado a pesar de su complejidad, aún si nos propusiéramos diseccionar la obra y estudiáramos detenidamente todas sus piezas por separado como un relojero.

– Sus personajes, en especial los ya comentados en numerosas ocasiones: Kaoru, Fukiko y Saint-Just, sencillamente memorables. Hay obras que intentan sostenerse como buenamente pueden sobre un buen personaje o dos. En Oniisama e… tenemos para elegir entre tantos y tantos de ellos que resultaría difícil elegir solo a uno, y por eso nos quedamos con estos tres inolvidables personajes que tanto han brillado con luz propia y han pasado ya a la posteridad por méritos propios.

Su apartado técnico, en especial su discreta animación, comparándola incluso con otras obras de su misma época como ya he comentado antes. Afortunadamente cuando una obra es tan excepcional en los apartados en los que necesariamente debe serlo, como es en los relativos al “fondo”, toda la cuestión de la “forma” acaba siendo algo desde luego secundario y que en una obra de la calidad general de Oniisama e… puede llegar a pasar hasta desapercibida.

Publicado el enero 30, 2010 en Oniisama e... y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 41 comentarios.

  1. Estoy segura que ésta obra es una joya y que cualquiera que se presuma fan del yuri debería verla pero honestamente no me atrevo a hacerlo. Tan sólo con ver de qué año es y el estilo de dibujo tipo “candy candy”, es obvio que necesitas prepararte psicológica y anímicamente por que terminarás exhausto. Así q lo siento Oniisama e… Y Maria Sama Ga Miteru, I won’t do this!….pero guardaré tu link x si acaso Wendy….

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